Una mujer pasa en Teherán junto a un mural en que se representa a las cadenas vía satélite como demoniacas y enemigas del islam (Kaveh Kazemi / Getty)

Cansados de los contenidos de la televisión nacional, los ciudadanos iraníes buscan canales emitidos en farsi desde el extranjero

Los canales televisivos de Irán tienen contenidos muy oficialistas y trasladan un discurso que, en ocasiones, es mucho más estricto que el que emana del régimen hoy en día. Como en otras disciplinas de la vida, aunque el visionado de canales extranjeros sin los controles de moralidad que exigen los ayatolás es perseguido, la Administración se está viendo superada por un fenómeno tan masivo que no puede hacer otra cosa que disimular ante la situación.

Hace 12 años Asfar venció la desconfianza a instalar una pequeña antena parabólica en su casa, como ya lo hacían muchos iraníes a pesar de que están prohibidas. Cada cierto tiempo se publicaban noticias sobre redadas en los barrios para destruirlas, pero lo suyo no era miedo a las autoridades. Estaba cansada de la televisión pública iraní “por mentirosa”, pero no se atrevía a ver canales extranjeros porque temía que sólo pasaran temas relacionados con sexo.

Entonces tenía 80 años y su experiencia con la televisión se limitaba a aquélla de los tiempos de la monarquía que gobernó hasta 1979, donde las grandes estrellas de la música persa como Googoosh o Hayadeh aparecían enseñando sus piernas y cabelleras en blanco y negro, o la que llegó después de la revolución en la que las mujeres se cubrieron por completo con chador y la música desapareció.

“Un día una amiga me dijo que estaba equivocada, que en el satélite había de todo y que yo podía escoger”, dice Asfar, que vive sola desde la muerte de su marido hace dos años. La televisión es su única compañía nocturna.

El servicio de la BBC persa es uno de los más seguidos, así como los canales Manoto y Tapesh

“No sólo difunden mentiras, sino que todo lo que muestran es triste. Ahora han intentado cambiar un poco, tratan de mostrarse más modernos, pero no representan la realidad”, dice sobre la televisión iraní. Así justifica esta mujer su decisión –como la de tantos otros iraníes– de ver alguno de los cientos de canales por satélite en farsi que comenzaron a emitir hace más de una década desde lugares tan diversos como Londres, Estambul, Dubái o Los Ángeles, donde hay una comunidad de iraníes que se calcula que podría alcanzar el millón de personas. Muchas de las grandes glorias de la música persa viven allí.

Asfar hace generalmente zapping entre tres de estos canales. BBC persa para escuchar las noticias que presentan desde Londres, Manoto por su variedad en los programas que incluye reality shows y Tapesh porque tiene alguna serie que le gusta. Si bien estos son algunos de los canales más vistos por la mayoría de los iraníes, la realidad es que hay decenas de ellos y de
una variedad inimaginable que no sólo incluye noticias o conciertos sino también telenovelas que se han convertido en una sensación en Irán.

Esta es una de las razones por las que es frecuente ver carteles en diversos puntos del país, especialmente en las ciudades más pequeñas donde la población sigue siendo bastante tradicional y religiosa, en los que se señala a estas cadenas como las responsables de la “corrupción moral” o de la “contaminación cultural”. En uno de los tantos carteles que se cuelgan de las calles, se ve a una joven vestida con un chador que está siendo tirado desde atrás por dos manos poderosas donde se ven los logos no sólo de canales famosos que emiten en farsi como VOA, Farsi 1, Manoto, BBC o MBC farsi, sino también Facebook y Walt Disney.

Un instalador clandestino revela que ha montado antenas en pisos de guardianes de la revolución

Pero estas campañas no parecen tener demasiado impacto. Sin lugar a dudas hay un sector importante de la población que se niega a ver estos canales o que no tiene la posibilidad de hacerlo, pero posiblemente representen una gran minoría. “Todos lo tienen, incluso gente que yo sé que forman parte de los guardias revolucionarios me piden que les sintonice BBC farsi para ver las noticias. Todos quieren BBC y Manoto”, contaba un hombre que se dedica a instalar antenas parabólicas en un área rural montañosa y que por seguridad pide no dar su nombre. Lo paradójico de lo que contaba es que los periodistas de la BBC que trabajan en el servicio farsi han denunciado en múltiples ocasiones que ellos y sus familias han sido objeto de atención por parte de las autoridades.

Es una noche cualquiera de mayo pasado. En el informativo nocturno de Sedao Sima –como se conoce a la televisión local que tiene decenas de canales repartidos por el país–, la presentadora está sentada frente a un escritorio lleno de flores y su rostro, cubierto completamente por su hijab, apenas muestra alguna expresión. En las noticias, se des­tacan las declaraciones del líder ­supremo, a propósito de las nuevas sanciones impuestas por Estados Unidos contra Irán; dice que los ­estadounidenses volverán a fracasar, como lo han hecho en el pasado.

La noticia es cierta, pero faltaba un detalle del que posiblemente muchos televidentes ya se habían enterado durante el día a través de aplicaciones de mensajería como Telegram, que antes de ser bloqueada llegó a tener 40 millones de usuarios. El líder supremo había usado la metáfora de los dibujos animados estadounidenses Tom y Jerry para describir lo que había pasado entre ambos países desde la victoria de la revolución. “Todos esos complots han fracasado… (EE.UU.) volverá a fracasar tal como Tom en el popular cómic Tom y Jerry”, dijo el ayatolá Jamenei y así lo recogieron a la misma hora los otros informativos que se emitían desde el exterior.

Las palabras de quien es considerado la máxima autoridad del país habían sido eliminadas de los medios oficiales, lo que si bien no era nuevo –había pasado lo mismo en el 2011 cuando hizo referencia a los mismos dibujos–, sí causó bastante revuelo pues era una muestra más de cómo la televisión oficial moldea la verdad a su manera. Ya en el pasado presidentes tan distintos como Mahmud Ahmadineyad –considerado radical y afín al pensamiento más extremista– o Hasan Rohani –del ala moderada– han sido víctimas de la censura.

Los documentales de la vida en Teherán antes de Jomeini alimentan a los nostálgicos del sha

Las críticas de la población hacia la televisión pública no son nuevas. Durante las elecciones presidenciales del 2013 los seguidores del reelecto presidente Rohani tenían como uno de sus principales eslóganes: “Nuestra desgracia, nuestra desgracia es Sedao Sima”. El descontento es bien conocido por el régimen hasta el punto de que el mismo Guía intentó desmarcarse de esta institución, muy a pesar de que es él quien elige a los directores.

Muchos iraníes no perdonan, entre otras cosas, que la televisión haya sido utilizada en estas décadas para transmitir confesiones de algunos prisioneros. Una de las últimas emisiones polémicas fueron las entrevistas con una serie de jóvenes instagramers detenidas por aparecer bailando en los post que publicaban en sus cuentas. En las preguntas que les hacía el periodista se incluía sí habían sido pagadas por medios extranjeros.

Y es que una de las paranoias del régimen es la financiación de estos canales de televisión, que algunos serían pagados por grupos opositores en el extranjero. Uno de los que más controversia ha despertado es el popular Manoto, que se emite desde Londres y sólo en Facebook tiene más de tres millones de seguidores. Por los contenidos que transmite, muchos señalan que el dinero puede venir de seguidores del ­derrocado sha Reza Pahlevi. Su programación incluye documen­tales con imágenes hasta entonces desconocidas que muestran la vida en Irán en tiempos prerrevolucionarios y que han despertado la nostalgia de muchos.